Por: Esteban Fernández.
Los hombres, en términos generales, somos muy “visuales”. Es decir, de lejos, allá en la distancia, podemos divisar el magnífico cuerpo -en forma de botella de “Coca-Cola”- de una bella muchacha, y ya nos quedamos encantados con ella.
Momentáneamente nos sentimos impresionados y pensamos ¡Qué hermosa está esa mujer! No nos interesa como piensa política ni religiosamente, es más, no necesitamos saber absolutamente nada de ella. Lo único importante es admirar la clase de cuerpazo que tiene esa dama. La vemos contoneándose por la calle y tenemos ganas de bajarnos del carro y ofrecerle matrimonio. Así somos la mayoría de nosotros.
Pero toda esa teoría la destruye y la hace pedazos Niurka Marcos con sólo abrir la boca. Bonitas piernas, bellos muslos, trasero bien proporcionado, cinturita de avispa, no está nada fea, cuerpo curvilíneo pero, increíblemente, es preferible escuchar a una cotorra hablando mejor que a ella. Cada vez que alguien me pregunta: “Oye ¿así son las cubanas?” es como si me estuvieran clavando un cuchillo en el medio del pecho.
Que Dios me perdone por decir esto pero me parece que es una chusma, grosera, mal hablada, chismosa, enredadora, polémica y con lengua viperina. Una tipa que se ha hecho tristemente célebre en México por sus escándalos, los cuales unas veces son ciertos y otros creados artificialmente. Las jineteras cubanas son mucho más correctas y discretas que ella.
Hombre que se casa o se liga con esta cubana sabe que al final va a ser desprestigiado por ella. Al principio los eleva, los besa, los presume, prácticamente da la impresión de que quiere hacer el amor con ellos en público, y siempre termina por “hacerlos picadillo” ante las cámaras de televisión. Y hasta da detalles íntimos de “lo malo que eran en la cama”. A mí me parece que hasta “Superman”, aquel negro súper dotado que exhibían en un Night Club de La Habana, se hubiera quedado corto ante ella.
Les juro que si Niurka Marcos toca a mi puerta, se cuela en mi casa, se quita la ropa y me dice que quiere tener una relación íntima conmigo, cojo el teléfono y llamo al 911 para que me saquen a esa loca de allí.
Blanquita Amaro, Ana Gloria, Ninón Sevilla, Tongolele, Lina Salomé, Sonia Calero, Marta Véliz y muchas otras, fueron bailarinas que nunca mezclaron sus profesiones con la chusmería y la chabacanería. Todas ellas queridas y recordadas por el público, pero a esta damisela desencantadora tal parece que no le gusta a nadie. Solamente la quiere un ratito quien se está acostando con ella, hasta que lo bota de su alcoba y acto seguido lo maldice.
Hasta los refranes cubanos que tanto a mí me agradan suenan grotescos cuando salen de su boca. Y lo triste es que personas que no son cubanas creen que esos bellos “dicharachos” nuestros son simplemente “groserías de Niurka”. Y yo me tengo que pasar la vida aclarando: “¡Eso no es de Niurka, esa frase es más vieja que Matusalén!” Cuando alguien equivoca y confunde la “jerga de Niurka” con el sabroso “argot cubano”, está cometiendo un crimen de lesa humanidad.
A veces da la impresión que no sabe qué cosa hacer para llamar la atención, para causar impacto. Sin embargo, lo que hace es el ridículo convirtiéndose en el hazmerreír de la gente y, últimamente, sólo recibe una mezcla de burlas e indignación por parte de los televidentes.
Muy pocos dicen que es una gran artista y una buena cantante o bailarina. Casi todo el mundo coincide en decir que es una altanera, una alardosa, indiscreta y parlanchina.
Desde luego, Niurka ha ganado buen dinero y nos ha hecho un gran favor a todos los hombres del Planeta Tierra que, ahora, cuando vemos a un monumento en la calle, no corremos hacia ella a entregarle un anillo de compromiso. Desde que la escuchamos hablar por primera vez a esta cubichona aprendimos la lección y tenemos que estar bien seguros que la belleza que nos encontremos en el camino no sea ni remotamente tan vulgar como la distinguida y honorable señora Marcos. Por muy linda y escultural que esté, y por mucho que nos guste, si se le escapa simplemente un carajito tiramos ahí mismo el anillo al mar.
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