Muchas personas,
incluso aquellos que por razones “políticas” llegan a los Estados Unidos consideran
que esto de prohibir a los cubanos a entrar a su patria desde el exterior no es
una práctica usual, incluso dudan que se produzca. Algunos consideran que en
realidad No hay una “lista negra”. Veamos
esta información.
Una cubana
viaja desde Sudáfrica hasta Cuba para llevar los restos de su hermano y le prohíben entrar a su país o entregar los
restos a su familia en Cuba. Es obligada a regresar a Sudáfrica con los restos
de su hermano.
Por: Laritza Diversent.*
LA HABANA,
Cuba, abril, 2012 -Laura Álvarez Rojas, una cubana residente en Sudáfrica, en
menos de 9 meses perdió dos de sus seres queridos. Su hermano, Alberto Álvarez
Rojas, residente en la isla, pero de paso por Sudáfrica, falleció el pasado día
13 de marzo, en un accidente automovilístico.
“Aun sin
reponerme del dolor por perder a mi madre, me vi ante la muerte de mi hermano,
desarmada y terriblemente deprimida”, escribió Álvarez Rojas en una carta para
algunos amigos. Decidió llevar sus restos a la tierra natal y compartir tan
dolorosa pérdida con sus familiares en Cuba.
Realizó
todos los trámites burocráticos que exigen Inmigración y Extranjería para
entrar en la isla. Prorrogó su pasaporte, legalizó el certificado de defunción
de su hermano y pagó todo los aranceles consulares. El pasado 23 de marzo,
salió del continente africano y aterrizó en Cuba, a las 6 de la tarde del
siguiente día.
Se
sorprendió cuando una funcionaria de inmigración le dijo, en la taquilla, que
no estaba permitida su entrada al país y no sabía los motivos. En una oficina
aparte pidió que revisaran su nombre. En el año 2011entró 2 veces a Cuba, sin
problemas. No vino a vacacionar. Su madre tenía cáncer terminal de hígado. “No puedes entrar, y punto, tu embajada en
Sudáfrica es la responsable de explicarte los motivos”, contestó la
funcionaria.
La oficial
intentó descubrir por qué le negaron la entrada “¿Pagaste tus importes, en
emigración, en Cuba?”, preguntó. “Sí”,
contestó Laura. “¿Te fajaste con alguna persona?”, volvió a preguntar. “Nunca,
ni antes ni después”, rebatió. “¿Saliste a pasear por algunos lugares?”,
continúo interrogándola. “Mis paseos fueron al hospital, para transfundir a mi
madre, a emigración, y al aeropuerto”.
En un bolso
estaban los restos de Alberto. “A las personas que se le niegan la entrada a
Cuba, no se les permite pasar equipaje”, agregó la funcionaria de inmigración.
“Pídele a la embajada que mande los restos de tu hermano por valija
diplomática”, le aconsejó la mujer.
Desesperada,
llamó a su esposo, un médico “desertor” del sistema de salud cubano, que lleva
aproximadamente 10 años trabajando en Sudáfrica. También llamó a su hermana,
que la esperaba afuera, y al cónsul de su embajada. “Apaga el teléfono, no te
puedes comunicar con nadie más”, le advirtió la oficial, quien, además, “Entró
en rabia y me arrebató el teléfono”, agrega Álvarez Rojas.
Laura no
dejó de insistir: “Me vieron como loca, hablando con todos los funcionarios, me
encerraron en una oficina, y fue cuando alguien me cogió por el cuello,
rompiéndome mi rosario”.
A pesar del
maltrato y las agresiones físicas, continuó en su empeño: “Me arrodillé y les
imploré que le dieran los restos de mi hermano a mi otra hermana, que estaba
afuera. A mí, que me regresaran a Sudáfrica, no me importaba”.
Laura no lo
consiguió. La montaron en el vuelo KL 02724, el mismo día, en el mismo avión
que había llegado. Al piloto le informaron que era una ilegal, por delincuente,
en Cuba. El hombre se enfureció cuando la joven le mostró sus papeles en orden,
las cenizas de su hermano y el certificado de defunción de la embajada.
El piloto se
quejó. No era la primera vez que pasaba. “Me mandaban para atrás sin pre-ticket
para que en Holanda tuviera que pagar de nuevo mi ticket hacia Sudáfrica”,
explica Álvarez Rojas. Pero el piloto se negó a montarla en el avión sin el
boleto y advirtió que reportaría a Cuba ante su línea aérea, por abusos
frecuentes a sus ciudadanos.
La
tripulación se esmeró en atenderla. “Me hicieron sentirme como persona, ya que
el tratamiento que recibí en mi país fue el de un animal. Yo no llevaba un
perro muerto, yo llevaba a una parte de mi corazón”, afirmó Laura en un intento
desesperado por buscar comprensión y solidaridad ante lo sucedido.
“No me
dejaron llorar mi dolor con mis seres queridos, no dieron el derecho de abrazar
a mi hermana, que lloraba desesperada del otro lado, y fui obligada a volver
aquí con los restos de mi hermano, el corazón desarmado, la esperanza rota y la
decepción más grande de mi vida”, concluyó.
Laura
insiste en buscar una explicación en la embajada de Cuba en Sudáfrica, aunque
sabe que no existe razón para lo inexplicable. Sin embargo, se equivoca cuando
afirma que nadie puede entender lo que siente. Las autoridades cubanas tratan
así a muchos de sus nacionales. Sin dudas un trato cruel, inhumano y
degradante, pero habitual.
*Laritza
Diversent, La Habana, 1980. Abogada, graduada en 2007, año en que se inició en
la prensa independiente. El blog Jurisconsulto de Cuba, fundado por ella, está
dedicado al análisis de la realidad político-jurídica de la Isla. Ambient es fundadora de la
Asociación Jurídica Cubana.
Fuente: Cubanet



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