Por: Eloy A González.
Así le
llamábamos, “el cuartel” y era eso precisamente, un cuartel como tantos en la
Isla de la Guardia Rural. Allí en mi pueblo, Buenavista, era la segunda edificación
en importancia después de la Iglesia. Ubicado a la entrada del pueblo en la carretera
de San Juan de los
Remedios a Buenavista, tal vez en lo que había sido en siglos anteriores y
en la antigua jurisdicción, el camino de Sancti Espíritus.
Era una construcción que sobresalía no solo por su adusta construcción, sino porque
se construyó sobre una discreta elevación que le daba señorío sobre las modestas casas del poblado.
El cuartel era el
lugar para la Guardia Rural, no era la estación de policía; esta no estaba en
aquel poblado donde solo un policía, Peña, se encargaba del orden. La Guardia
Rural creada en el 1901 era la estructura fundamental del
ejercito de la naciente república y contaba con una estructura regimental
mixta de infantería y caballería; cada regimiento obedecía a una provincia o
distrito militar – Cuba contaba con seis provincias –, con excepción de Oriente
con más de un regimiento. Los regimientos se componían de escuadrones y tercios
tácticos, estas pequeñas unidades se encontraban ubicadas en cuarteles de las
cabeceras municipales y otros núcleos urbanos y poblados. Es de suponer que un
grupo no numeroso de estas tropas se asentaron
en el poblado de Buenavista
Por varias
razones quiero referirme al cuartel de Buenavista, en la antigua provincia
central de Las Villas. Hace algún tiempo una amiga desde Oviedo en España me envió
una foto (1) donde aparecían un grupo de niños (as) en las ruinas de lo que fue
el cuartel. Hace apenas unas semanas me envían una foto (2) donde se muestra
parte del frente del cuartel, y en la escalera principal que da acceso al amplio
portal, un grupo de guardias rurales en número de cuatro porque el policía que aparece
al centro con uniforme más oscuro me antevería a afirmar que se trata de Peña.
Esta foto es del año 1953.
Años después
cuando estaba próximo a concluir la lucha insurreccional en Cuba y la salida repentina
del dictador Fulgencio Batista; el
cuartel fue incendiado en una de las tantas noches en que los “rebeldes” entraban al pueblo. No había
ni tropas ni policías pero andaban por las calles disparando con sus armas
mientras un grupo de niños, entre los cuales me encontraba, les gritaban: “que cante el guariao”..., y si que
cantaba con aquellos disparos que se repetían. La noche del incendio nadie entendió aquel acto vandálico.
Yo conocí la
persona que a finales del año de 1958 “le dio candela” al cuartel, un acto
innecesario pues ya hacía meses que habían pasado por allí las tropas de Alfredo Abon Lee, el Chino Lee, hacia Yaguajay. Por esos
meses los rebeldes entraban casi todas las noches al pueblo, el cuartel estaba vacío.
Peña, el único policía, se iba a dormir temprano; nadie lo molestaba.
La persona que se adjudica la acción era un campesino
devenido en “alzado” de los Remates
de Ariosa, poblado muy cerca de Buenavista. En el año de 1976 lo conocí en La Habana,
vivía en un apartamento cerca del Cine Ambassador. Me llevó a su casa Vicente, un primo mío que lo conocía del
submundo de Marianao. El personaje recorría La Habana en un MG descapotable y lo
sorprendente, – razón por la cual fui a aquel apartamento-, tenía una serie de
cuadros originales de Wilfredo
Lam. La única vez que visité su casa me mostró, de mala gana, dos de
aquellos cuadros, alardeando me dijo que tenía otros. Días después reprendió a
mi primo porque me había llevado allí. El campesino incendiario y rebelde
circunstancial de los Remate de Ariosa había progresado.
No supe más de él...,
olvidé su nombre. Después del 1980 en un
viaje a La Habana me encontré con mi pariente y le pregunté por este sujeto.
Cuando el asunto
del Mariel desapareció, parece que salió del país, como el sujeto parece
que tenía vínculos con el MININT (así
me dijeron) lo buscaron y solo
encontraron el MG.
Cuando triunfa la
si llamada revolución cubana, días después de aquel fatídico 1ro de enero de
1959, la información sobre actos criminales por parte de militares del antiguo
régimen llenaban los informativos. En Buenavista muchas personas fueron a las
ruinas del cuartel donde aun se mantenían las anchas paredes de duro adobe y
comenzaron a cavar en el patio del cuartel en busca de restos humanos que
incriminaran a los militares; nada se encontró.
Lo cierto es que
aquel acto innecesario permitió que una de las dos únicas construcciones del
poblado que podían remontarse al siglo XIX, se perdiera; pocos años después le
tocó el turno a la Iglesia. Las revoluciones suelen ser depredadoras con el
patrimonio ajeno y alcanzan a la presencia ya pretérita. Aquel pequeño poblado
del norte de Las Villas no fue la
excepción.
Foto 1: El cuartel
de la Guardia Rural en Buenavista por el
año de 1953, aparecen algunos militares en la escalera de acceso principal. ©
W.Villalobos.
Foto 2: Un grupo
de niños(as) en las ruinas de lo que fue el cuartel de la Guardia Rural en
Buenavista, VC, Cuba. © G.V
Guariao. m. Cuba.
Ave grande, zancuda, de plumaje oscuro con manchas blancas, pies negros, como
la extremidad del pico. Anda en parejas por las ciénagas y a orillas de las
lagunas, vuela con las patas colgantes, y se alimenta de gusanos y moluscos. Su
carne es blanca y comestible.
©2012- (10)
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