1 de mayo de 2012

Aquellos que por olvidar se olvidan hasta de Cuba.

Por: Agustín Valentín López Canino.*
El hombre vestido de blanco se dirige a la puerta de control de pasajes. Alguien con rostro de cálculo oficialista lo detiene y le pregunta: ¿Tiene tu ropa algo que ver con las Damas de Blanco?
Al hombre le tiembla la voz. Se asusta como una rata sorprendida por un haz de luz.
-No, nada, no sé de qué me habla.
Lo dejan pasar y sube al avión rumbo a Nassau, de ahí continuara vuelo a los Estados Unidos. Hoy posee un pasaporte español. Mientas el avión toma altura, piensa: “Nunca más vestiré de blanco, lo juro”. Negar su nacionalidad es una forma de adquirir derechos.
La Cuba que se olvida después de que se adquiere un pasaporte extranjero, una visa para viajar al exterior, o el exilio.
El hombre vestido de blanco vive por encima de los desposeídos. Posee un auto que renta, y hace negocios inescrupulosos con sus salidas al exterior. Sabe lo que está mal, conoce lo corrupto, lo indigno, lo inmoral, lo bajo, pero cierra los ojos y aprovecha las oportunidades del derecho del pasaporte extranjero, por supuesto. Desecha y casi es contrario a la oposición, no quiere saber de ella, ni tan siquiera saber que existe. Así existen millares de cubanos, sin mirar a la Cuba que se hunde.
Hoy se marcha hacia los Estados Unidos un joven con el cual llevo una profunda relación de amistad, por ello le pido un favor cuyo objetivo no tiene ninguna relación política. He cortado por la mitad un pomo plástico y colocado dentro una rosa, y he envuelto una concha petrificada para enviárselo a una amiga. El presentimiento me dice que no la llevará al aeropuerto, así ocurre. Al otro día su madre me dice:
-Por favor, discúlpalo, la tía le dijo que no se arriesgara. Podía perder la salida.
(Tráfico de rosas, fósiles de valor o valor fosilizado)
Hacía más de un año que no veía a mi hija. La persona que más amo en este mundo. Al fin un día llegó junto a su esposo. Al marcharse le quise entregar una carta que no tenía connotación política. El esposo me trató despectivamente y casi con reproche (fueron sus nervios). Mi hija casi peleo conmigo, se me abrió el pecho cuando se marchó. Por ella y por la patria.
Decenas de amigos se han marchado a los Estados unidos, incluso algunos políticos a los que había brindado apoyo y ayuda cuando estaban en esta tierra infernal, vienen y van tantas veces que me creo que viajan de un lado al otro de esta ciudad, no solo se olvidaron de mí sino de Cuba.
Excepto los que están comprometidos con la oposición, los demás, sean grupos culturales, intelectuales o científicos, incluyendo los “internacionalistas”, se hacen dictadores menores para no hacer peligrar la posibilidad del derecho y se convierten en una brigada de repudio no a la injusticia sobre Cuba, sino reprimiendo cualquier reclamo de justicia para Cuba.
No quiero que nadie venga a exigir el derecho y la justicia que nos corresponde a los que mordemos cada hora el polvo apestado de nuestra nación y nos dejamos despedazar por el tirano que nos convierte a todos los cubanos de una forma o de otra en escoria, basura miserable, mendigando derechos. Pero tampoco quiero que tanta humillación caiga sobre la patria vendida al precio de las sobras de los poderes.
Los cubanos no necesitamos armas para vencer la dictadura y establecer la democracia. Solo necesitamos un mínimo de honor, decoro, vergüenza, dignidad, y valor suficiente para ejercerla. El pueblo de Cuba ha sepultado el reclamo de la justicia. No merece sus reprendidos y muertos. Pero yo tampoco merezco que Cristo haya ido a la cruz por mí, y sin embargo allí quedó martirizado por mis pecados. Pero hay una diferencia, Cristo es Dios y nosotros los cubanos ¿qué somos?
En el sueño de Martí y el mío propio ya no puede decirse “Las palmas son novias que esperan, y hemos de poner la justicia más alta que las palmas”.
Las palmas que quedan son novias olvidadas y llorosas, por sus novios cubanos que la abandonan, la cambian en el horrible y cobarde trueque por pasaportes americanos, españoles, ecuatorianos o venezolanos. Por faltarles el valor para ser cubanos, de la Cuba de adentro y de abajo. La Cuba mía y tuya, la Cuba que amo con llanto y con fuerza, con toda el alma y con mi deseo de libertad que no alcanza el viento para abarcarla.
*Agustín Valentín López Canino 16-12-1955 Santo Domingo, Villa Clara. Maquinista Naval graduado en 1978 en la Academia Naval como oficial (alférez) de la marina de guerra y marina mercante. Colchonero, ceramista, agricultor y taxista. Miembro de la generación perdida, su mayor preocupación es Cuba y su divisa el honor. Edita el Blog Dekaisone

1 comentario:

El Editor del Blog dijo...

Hay una vocación de quebranto en los cubanos exiliados y en los que están en Cuba , hablo de aquellos que de manera genuina sienten como propio cada evento en la Isla distante. Hay también una sensación de hastío, de desesperanza y desanimo.
El artículo de Zoe Valdez: “El problema del cubano no es el problema cubano”, asume este y otros temas y está escrito en un tono desafiante pero certero, agudo pero necesario. Muchos le critican, pero sus opiniones van al aspecto medular de la realidad cubana sin rodeos. No es este el único artículo que me ha producido la lógico preocupación del Exiliado que ve como se corrompe la lucha y como se prolonga un desenlace tan necesario como la libertad tan anhelado.
A este artículo se me suma, para tristeza y enojo, uno que recibí por correo electrónico y como no apareció en la Red está en el Blog, me refiero al artículo: “Amar a Fidel” que puede leerse aquí:
http://buenavistavcuba.blogspot.com/2012/04/amar-fidel.html
También no menos desgarrador el articulo de Agustín Valentín López Canino de reciente aparición con el título de “Miedo al blanco” y que fue incluido como post: “Aquellos que por olvidar se olvidan hasta de Cuba”. Aquí:
http://buenavistavcuba.blogspot.com/2012/05/aquellos-que-por-olvidar-se-olvidan.html
Dios quiera que el desanimo no nos corroa el alma.
Pongo este comentario aqui porque no pude ponerlo en el Blog de Zoe Valdez.