Por: Agustín Valentín López
Canino*
Faltaban 30 para las 12. Debajo del árbol, protegido de los fuertes rayos
del Sol, estaba el hombre sentado al borde del contén. Miraba distraído a un
punto dentro de su pensamiento. A un lado un pomo de agua, entre las manos un
pedazo de pan que mordía con fruición. Al frente, el carrito con el tanque
montado en ruedas de metal. Los dos rústicos instrumentos: el escobillón y el
recogedor erguidos a ambos lados del vidón, semejaban dos soldados en guardia
de honor. Tomé la cámara y le hice una foto, y sin poder contenerme me le
acerqué: “Digno es del hombre comer el pan con el sudor de su frente”. Me miró
despacio y vacío como si un ser raro le hubiese hablado. “Pero la gente no
ayuda. Echan la basura en cualquier parte”- me dijo. “Le hice una foto”- le dije
yo.
Él esbozó una sonrisa de otro mundo y ocupé por unos segundos su lugar. Me
sentí feliz con su pan y su agua. Le di un tratado de Dios de una institución
Bautista y cuando di la espalda para marcharme sentí que era yo quién recogía
la basura de la ciudad.
*Agustín Valentín López Canino 16-12-1955 Santo Domingo, Villa Clara. Maquinista
Naval graduado en 1978 en la Academia Naval como oficial (alférez) de la marina
de guerra y marina mercante. Colchonero, ceramista, agricultor y taxista.
Miembro de la generación perdida. Reside en Cuba y edita el Blog Dekaisone

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