Talía
González, antes reconocida por su persistente trabajo en torno a la
liberación del niño Elián, casualmente ambos con similar apellido,
fue la primera en clamar recientemente por la necesaria “transparencia”, cuya traducción al ruso es Glásnost; y ya sabemos de
Gorbachov, sus
reformas, el fin del comunismo soviético, así como del terror de los Castro
ante semejante palabra.
La bella reportera se apareció en varias “shoppings” habaneras semanas atrás, sin
poder entrar a filmar, ante la ira de empleados y administrativos, que le
exigieron un permiso previo para semejante rutina periodística. ¡Vaya!, ni siquiera ella, “la
sentimentalmente protegida” del actual gobierno, pudo saltar las trincheras
de la burocracia.
Aquí parece que las mujeres se arriesgan más que los
hombres, pues otra reportera, Maribel Acosta, escribió en tinta negra su
indignación: “Una sociedad con la
pretensión de construir un mundo mejor que no afronte con sinceridad sus llagas
y mordeduras, está condenada al fracaso.”(…)”Por eso comparto que es necesario construir la verdadera libertad de
prensa…”
Lo anterior pertenece a la revista “En Vivo”, No 3 del
presente año.
No nos engañemos, estas profesionales están heridas en su
fuero interno, por la marcada diferencia entre el discurso oficial y la
realidad. Es frustrante que al regresar a casa los vecinos te espeten en la
cara tu incapacidad profesional.
Más allá de ellas mismas, la realidad señala el irremediable fracaso del régimen. ¿Serán capaces de una
prensa libre estas mandíbulas de cristal que hoy regentean la sociedad cubana? ¡Ni soñarlo! Sobran evidencias en su contra.
Multitud de teléfonos interrumpidos durante la reciente
visita del Papa a Cuba, la represión contra blogueros independientes como Yoani
Sánchez, además de la reiterada posición contraria a ofrecerles Internet a los
cubanos, hablan elocuentemente.
Una excepción masculina agregó el último epíteto aquí
enunciado, se trata de Guillermo Rodríguez Rivera, exitoso autor de novelas
policíacas, otrora apoyado por el MININT
en sus labores literarias. De él es la comparación con esos boxeadores, de muy
fuerte pegada, pero escasa asimilación ante un golpe contrario. ¡Mandíbulas de cristal!
De lo escrito por el también proclamado amigo de Silvio
Rodríguez, recuerdo lo siguiente: En Cuba las noticias no existen hasta que la
instancia pertinente autorice su existencia. En el mundo de Internet, email,
celulares, etc., es fácil propagar la mentira pero casi imposible ocultar la
verdad. Buena reacción del escritor al cabo de los años. ¡Vaya usted a saber el por
qué!
En cualquiera de los casos, incluyendo esta última
opinión de Rodríguez Rivera, publicada por la revista católica cubana Espacio
Laical, apreciamos que aún entre los informadores vinculados al oficialismo
partidista, el cansancio existencial se convierte en agobio. A propósito,
recuerdo que la princesita de un cuento de José Martí, cuando su interlocutor
no para de criticar al Rey, ella responde airada: ¡Puaff, es demasiado!
Digo claramente
que será demasiado para el régimen en Cuba. Aceptar una Glásnost, transparencia
al decir de Talía González o libertad de prensa en la Revolución, según Maribel
Acosta, está más allá de lo posible. Habrá regaños, inclusive sanciones
para los desmedidos, como según dijo un “garganta profunda”, se le aplicaron a
los entrevistados por la bella protegida.
Reitero lo dicho por el novelista, amigo del “Yo me muero como viví”:
El socialismo tiene mandíbula de cristal, es decir, poca
asimilación al golpe cuando de la prensa se trata. Ojalá, y este reclamo va
lejos del citado trovador, acepten lo imposible en el decir de Maribel Acosta,
cuyo reclamo personal es un grito desesperado de millones de cubanos:
“La dignidad es un
bien preciado que nos ha traído hasta aquí y no vale la pena degradarla por
miseria cultural o enanismo de espíritu.”
* Periodista independiente cubano, radica en Ciudad de la
Habana y sus despachos aparecen en varios sitios de internet sobre temas
cubanos.


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